Pacto del Profeta Muhammad con los cristianos del mundo (1538) (IV)

Texto del Pacto del Profeta Muhammad con los Cristianos del Mundo (1538) (IV)

 [Por el Profeta Muhammad]

 [Traducido por John Andrew Morrow en 2013]

 [Traducido del inglés al castellano por Héctor Manzolillo – 2014]

 En el Nombre de Allah, el Creador [al-Khaliq], el Viviente [al-Hayy], el Que Habla [al-Natiq], el Uno que Permanece después de la Aniquilación de la Creación [al-Baqi ba’d fana’ al-khaliq].

Esta es una copia [nushad] del pacto [‘ahd], el cual fue escrito por Muhammad ibn ‘Abd Allah ibn ‘Abd al-Muttalib para todos los cristianos [nasara]. 

 Copia [nushad] del Pacto [kitab al-‘ahd]

 Muhammad ibn ‘Abd Allah ibn ‘Abd al-Muttalib, el Mensajero de Allah, quiera ser la paz y las bendiciones de Allah sobre él y su familia [alihi], ordenó escribir este pacto de Allah [‘ahd Allah] con todos los cristianos y todos los monjes, para protegerlos y defenderlos, porque ellos son de la confianza de Allah de entre Sus Creaciones [wadi’at Allah fi khalqihi] y con el objeto que el pacto sea una prueba [hujjah] frente a ellos y que no haya ningún reclamo frente a Allah después del Mensajero. (Muhammad) hizo de esto una protección [dhimmah] para él y una protección para ellos con la autoridad de Allah, porque Allah es Todopoderoso [‘Aziz] y Omnisapiente [Hakim]. Fue escrito por el León [asad] y la gente de Su Vocación [ahl al-millati] para todos los que profesan la religión cristiana [da’wat al-nasraniyyah] en las tierras del Este y del  Oeste, cerca y lejos, sean árabes o no árabes [‘ajami], conocidos o desconocidos, como un pacto [‘ahd] de él, justicia y tradición a ser preservada. 

Quien lo observe sostiene su Islam y es digno de su religión [din]. Quien lo viole [nakata] y ponga en peligro el pacto [‘ahd] ordenado por el Mensajero de Allah; quien lo modifique y transgreda lo que ha sido ordenado, rechaza el Pacto de Allah [‘ahd Allah], niega el Juramento de Allah [mithaq Allah], desdeña su religión y merece Sus Maldiciones, sea un sultán o cualquier otro de entre los creyentes [mu’minin] y los musulmanes. 

Empecé comprometiéndome con el pacto y concedí alianzas [‘uhud] y garantías [mawathiq]  en mi nombre y en el de toda la comunidad musulmana [millati min al-muslimin] a quienes lo solicitaron. Les di el Pacto de Allah [‘ahd Allah] y Su Compromiso [mithaq] y los coloqué bajo la salvaguardia de Sus Profetas, Sus Elegidos [asfiya], Sus Amigos [awliyya’] de entre todos los creyentes [mu’minin] y los musulmanes a lo largo del tiempo. Mi protección [dhimmati] y mi seguridad [mithaqi] representan el acuerdo más sólido que Allah, el Exaltadísimo, ha dado a un profeta enviado para demandar obediencia, determinar obligaciones [farida] y honrar el pacto [‘ahd]. 

El Pacto de Allah [‘ahd Allah] consiste en que yo protegeré su tierra [‘ard], sus monasterios [al-diyar], con mi poder [qudrah], mis caballos, mis hombres, mis armas [silahi], mi fuerza [quwwati] y mis seguidores musulmanes [atba’i] en cualquier región, muy lejos o cerca, y ampararé sus emprendimientos comerciales. Concederé seguridad a ellos, a sus iglesias, a sus negocios, a sus casas de culto [buyut salawatihim], a los lugares de sus monjes, de sus peregrinos, donde sea que se encuentren, en montañas o valles, en cuevas o regiones habitadas, en los llanos o en el desierto. Yo protegeré su dhimmah, su fe [millah] y su religión [din], donde sea que se encuentren, en el Este o en el Oeste, en mar o en tierra, del mismo modo que me protejo yo y protejo mi entorno [khasati] y a la gente de mi comunidad [ahl al-millati] entre los musulmanes. 

Quedan en todo momento bajo mi protección [dhimmah], mi garantía [mithaq] y mi seguridad [aman]. Los defiendo de cualquier daño, perjuicio [makruh] o represalia [tabi’a]. Estoy detrás de ellos, protegiéndolos de todo enemigo o de cualquiera que desee lesionarlos [muhdi]. Me sacrifico por ellos por medio de mis ayudantes [a’wani], mis seguidores [atba’i] y la gente de mi comunidad [ahl al-millah], porque son mi rebaño [ra’iyyah] y personas bajo mi protección [ahl al-dhimmati]. Extiendo [amudu] mi autoridad [sultati], mi atención [ri’ayyah] y mi protección sobre ellos frente a todo mal [makruh], de modo que no les alcance. No les afectará ningún peligro a menos que el mismo peligro afecte a mis Compañeros [ashabi], quienes [están allí] para protegerles y promover el Islam [nusrat]. 

Me encargo de eliminar todo perjuicio proveniente de los impuestos y préstamos sobre las provisiones producidas por la Gente del Pacto [ahl al-‘ahd], excepto que ellos mismos den algo voluntariamente. No deberían ser apremiados o tratados injustamente en esta cuestión. 

No se permite remover a un obispo de su obispado, a un monje de su vida monástica, a un cristiano de su cristiandad, a un asceta [zahid] de su torre o a un peregrino de su peregrinaje. Tampoco está permitido destruir cualquier parte de sus iglesias o empresas comerciales o tomar partes de sus edificios para construir mezquitas o los hogares de los creyentes musulmanes [mu’minin al-muslimin]. Quien haga tal cosa habrá violado el pacto de Allah [‘ahd Allah], desobedecido [khalafa] a Su Mensajero y se habrá desviado [hadha] de su Alianza Divina. 

No se permite imponer capitación [jizyah] o cualquier tipo de tributo a la tierra [kharaj] sobre los monjes, obispos y los creyentes devotos, a quienes se los distingue por la ropa de lana [al-suf] y existencia solitaria en las montañas o en otras regiones apartadas de la presencia humana. 

La capitación [jizyah] se aplicará a los cristianos que no sean clérigos [man la yattabad] ─con excepción del monje y el peregrino─ en la cantidad de cuatro dirhams por año o un manto barato [tawb]. Los musulmanes ayudarán, por medio de los ahorros del Tesoro [bayt al-mal], a quien no disponga de comida o del dinero con el que comprar el alimento. Los musulmanes ayudarán a quienes tengan dificultad en obtener alimentos, siempre y cuando lo acepten voluntariamente. 

El tributo de la tierra [jizyah al-kharaj] sobre los grandes negocios por tierra o  por mar, aplicable a los que bucean en búsqueda de perlas u obtienen en las minas piedras preciosas, oro y plata, así como sobre los que siendo ricos profesan la fe cristiana, no excederá los doce dirhams [fiddah] al año, en tanto sean habitantes y residentes en estos países. 

Nada parecido se puede exigir a los viajeros o caminantes o a aquellos de los que se desconoce su país de residencia. El impuesto a la tierra con capitación sólo es válido para quienes posean tierras y para aquellos con propiedades sobre las que el gobernante tiene derecho. Van a satisfacer los impuestos del mismo modo que otros, sin que el gravamen exceda injustamente sus posibilidades de pago. En cuanto a la fuerza laboral que usan los dueños para cultivar esas tierras,  hacerlas fértiles y cosecharlas, no se la debe gravar excesivamente. Que tributen como lo hacen otros en casos similares. 

Las personas bajo nuestra protección [ahl al-dhimmah] no serán obligadas a ir a la guerra con los musulmanes para combatir a los enemigos de estos y atacarlos. En realidad, la gente bajo nuestra protección [ahl al-dhimmah] no debe involucrarse en la guerra. Este pacto se hizo, precisamente, para eximirla de dicha obligación y para asegurarle también la ayuda y la protección de los musulmanes. No serán forzados a proveer equipo a ningún musulmán, sean armas o caballos, en caso de guerra en la que los musulmanes atacan a sus enemigos, a menos que contribuyan a la causa por decisión propia. Y la devolución de lo que los musulmanes hayan tomado prestado estará garantizada por el Tesoro [del Estado] [bayt  al-mal]. Si ellos mueren o sufren daños, el Tesoro [del Estado] [bayt al-mal] proveerá la compensación monetaria.

Nadie que practica la religión cristiana será forzado a entrar al Islam. Y, No discutáis con la Gente del Libro sino con buenos modales (Corán, 29:46). Deben ser cubiertos por el ala de misericordia y debe repelerse cualquier perjuicio que podría alcanzarles, donde sea que se encuentren y donde sea que estén. 

Si un cristiano comete un crimen o un delito, los musulmanes deben secundarlo en lo que haga a su defensa y protección, así como pagar por él las sanciones que correspondan. Deberían alentar la reconciliación con la víctima, para ayudarlo o salvarlo. 

Los musulmanes no deben abandonarlo o dejarlo sin amparo y asistencia, porque yo les he dado un pacto de Allah que es vinculante para los musulmanes. 

En virtud de este pacto (los cristianos) han obtenido prerrogativas inviolables para disfrutar de nuestra protección y estar a resguardo de cualquier violación de sus derechos. No se debe rechazarlos, ignorarlos o impugnarlos, pues así estarán unidos a los musulmanes en la buena y mala fortuna. 

No se debe hacer sufrir a las jóvenes cristianas mediante el maltrato con matrimonios que ellas no desean. Los musulmanes no deben casarse con niñas cristianas en contra de la voluntad de sus padres ni deben oprimir a sus familias en el caso que rechacen sus ofertas de compromiso y matrimonio. Tales matrimonios no tendrán lugar sin su deseo y acuerdo (de las jóvenes) y sin su consentimiento y aprobación (de las familias). 

Si un musulmán toma a una mujer cristiana como esposa, debe respetar sus creencias cristianas. Ella tendrá la libertad de escuchar a sus superiores [clérigos] como lo desee y seguir el camino de su propia religión. Quien, a pesar de esta orden, obligue a su esposa [cristiana] a actuar de manera distinta a lo que ordena su religión, habrá roto la alianza de Allah, roto la promesa [mithaq] de Su Mensajero y lo contaremos entre los mentirosos [kadhibin]. 

Si los cristianos buscan la ayuda y asistencia de los musulmanes para reparar sus iglesias y sus conventos o arreglar cuestiones relativas a sus asuntos y a la religión, [los musulmanes] deben ayudarlos y respaldarlos. Pero no deben hacerlo con el objetivo de recibir algún premio o gratificación. Por el contrario, deberían hacerlo para restaurar esa religión, por fidelidad al pacto del Mensajero de Allah, por el simple deseo de ayudar y por considerar que es un acto meritorio ante Allah y Su Mensajero.  

En materia de guerra, los musulmanes no emplearán a ningún cristiano como mensajero, explorador, guía, para exhibición de poder, o para cualquier otra tarea bélica. Quienquiera obligue a uno de ellos a hacer tal cosa, será injusto [zaliman] con Allah, desobediente [‘asiyan] a Su Mensajero y será expulsado [mutakhalliyan] de su religión. Un musulmán no tiene permitido nada [con respecto a los cristianos] más que obedecer estos edictos que Muhammad ibn ‘Abd Allah, el Mensajero de Allah, ha librado a favor de la religión de los cristianos. 

También estoy poniendo condiciones [a los cristianos] y exijo que prometan cumplirlas y satisfacerlas como ordena su religión. Entre otras cosas, ninguno de ellos puede actuar en el papel de explorador o espía, de manera abierta o encubierta, por cuenta de un guerrero enemigo y en contra de un musulmán. Ninguno de ellos albergará a los enemigos de los musulmanes en sus casas, en las que podrían esperar el momento para lanzar un ataque. No permitirán que estos enemigos [de los musulmanes] hagan un alto en sus regiones, ya sea en sus aldeas, en sus oratorios, o en cualquier otro lugar perteneciente a sus correligionarios. No deben proporcionar ningún apoyo a los enemigos de los musulmanes en guerra, por medio de darles armas, caballos, hombres o pedir (a los musulmanes) cosas innecesarias. (Los cristianos) no deben ser molestados y deberían ser respetados en tanto se mantengan en su religión y cumplan con el pacto. Deben conceder a los musulmanes tres días y tres noches cuando estos hacen un alto entre ellos. Deben ofrecerles, dondequiera que se encuentren y dondequiera que vayan, la misma comida con la que viven ellos. Pero no están obligados a soportar otras cargas molestas u onerosas. 

Si un musulmán necesita esconderse en uno de sus hogares u oratorios, deben concederle hospitalidad, darle ayuda y proporcionarle su alimento durante todo el tiempo que esté entre ellos, haciendo todo lo posible para mantenerlo oculto y evitar que el enemigo lo encuentre, junto con la atención de  todas sus necesidades. 

Quien infrinja o altere las ordenanzas de este decreto, será echado de la alianza entre Allah y Su Mensajero.  

Quieran todos acatar los tratados y alianzas que yo he contraído con los  monjes, dondequiera que se encuentren. 

El Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, debe respetar lo que él ha concedido, en base a su autoridad y la de  todos los musulmanes, proteger (a los cristianos) y ser misericordioso con ellos hasta el final, hasta que llegue la Hora [de la Resurrección] y el mundo se acabe. 

Quien después de esto sea injusto con un súbdito [dhimmi] (cristiano), rompa y rechace el pacto, me tendrá como enemigo el Día del Juicio entre todos los musulmanes. 

Como testigos de este pacto [kitab] ─que fue escrito por Muhammad ibn ‘Abd Allah, el Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, para todos los cristianos [jami’] a quienes él puso condiciones─ hay treinta personas: 

Abu Bakr al-Siddiq; Omar ibn al-Khattab; ‘Uthman ibn ‘Affan; ‘Ali ibn Abi Talib; Abu Dharr; Abu al-Darda’; Abu Hurayrah; ‘Abd Allah ibn Mas‘ud; al-‘Abbas ibn ‘Abd al-Malik; Fadl ibn al-‘Abbas al-Zahri; Talhah ibn ‘Abd Allah; Sa‘d ibn Mu‘adh; Sa‘d ibn Ubadah; Thabit ibn Qays; Yazid ibn Talit; ‘Abd Allah ibn Yazid; Farsus ibn Qasim ibn Badr ibn Ibrahim; Amir ibn Zarib [Imam ibn Yazid?]; Sahl ibn Tamim; ‘Abd al-‘Azim. 

[escritura diferente]:

Abd al-‘Azim ibn Husayn; ‘Abd Allah ibn ‘Amr ibn al-‘As; ‘Amr ibn Yasir; Mu‘azzam ibn Musa; Hassan ibn Thabit; Abu Hanifah; ‘Ubayd ibn Mansur; Hashim ibn ‘Abd Allah; Abu al-‘Azir; Hisham ibn ‘Abd al-Muttalib 

‘Ali ibn Abi Talib, que Allah esté complacido con él, escribió este pacto. Y el manuscrito [sijl] fue escrito en un pedazo de cuero [jild] que no era pequeño. Permaneció bajo el dominio del sultán y estaba sellado por el Profeta, la paz y las bendiciones sean sobre él. Alabado sea Allah. 

Este libro bendito [kitab al-mubarak] se completó el día santo, lunes, en el último mes, Ba’una, el Bendecido, en el año de nuestros Maestros los Mártires, los Puros, los Bienaventurados, los Satisfechos [abrar]. Quiera Allah concedernos su intercesión y que su intercesión esté con nosotros. ¡Amén! 

Esto corresponde al 27 del sagrado [haram]  mes de Muharram del año 945 de la emigración árabe. ¡Quiera Allah darle un buen fin! ¡Amén!

Este libro bendito [kitab al-mubarak] pertenece a la  gran alma [al-mubajjal], el maestro [al-mawla], el líder [al-ra’is], el anciano [al-sheij], el erudito [al-‘alim], Sum’an, el hijo de [najl], la fuente de la grandeza [al-mu’azzam] Fadl Allah, quiera Allah que su alma descanse en paz [nayaha Allah nafsahu], conocido como [al-ma’ruf] al-Barallusi. 

El que escribió estas palabras es el humilde [miskin], lleno de faltas y pecados [khataya wa al-dunub], (y) pide a los hermanos que lean estas palabras [lit. letras], hablen de ellas en sus oraciones [salawat] y el Mesías [masih] les recompensará ciento sesenta y tres veces. 

⌠El escritor de estas palabras es el humilde [miskin], lleno de faltas y pecados [khataya wa al-dunub]. Michel: los hermanos que lean estas palabras [lit. letras] deben mencionarlas en sus oraciones [salawat] y el Mesías [masih] los recompensará ciento sesenta y tres veces⌡. (Nota del traductor: esta es una lectura alternativa).