Pacto del Profeta Muhammad con los Cristianos del Mundo (1630) (III)

Texto del Pacto del Profeta Muhammad con los Cristianos del Mundo (III)

[Por el Profeta Muhammad] [1630]

Traducción citada por John Andrew Morrow en 2013

Traducción del inglés al castellano por Héctor Manzolillo – 2014

[En el Nombre de Allah, el Más Compasivo, el Más Misericordioso]

Fue escrito para todas las personas [al-nas kaffah] por Muhammad, el Mensajero de Allah ─portador de buenas noticias y amonestador [bashiran wa nadhiran]─, quien está dotado con la protección de Allah [wadi’at Allah] en verdad y como una prueba [hujjah] de Allah para la religión cristiana [din al-nasraniyyah] en las tierras del Este y del Oeste, para sus árabes y no árabes [fasihiha wa’ajamiha], cerca o lejos, conocidos o desconocidos. 

Este documento [kitaban], que ha sido preparado para ellos, constituye un pacto fidedigno [‘ahdan mariyyan], un certificado bien conocido [sijlan manshuran] y un testamento [wasiyyah] de él, que debe ser respetado y que los protegerá. 

Quien sostiene el Islam, se rige por él. Quien de entre los no musulmanes infringe el pacto contenido en este testamento,  lo transgrede [Khalafahu] y contradice lo que yo ordené, viola el Pacto de Allah [‘ahd Allah], niega el Juramento de Allah [mithaq Allah] y desprecia Su Protección [dhimmah], sea un sultán o cualquier otra persona entre los creyentes y los musulmanes. 

Yo me comprometo a conceder alianzas [‘uhud] y garantías [mawathiq] a esos que las requieran de mí y de todos mis familiares [ahli] de entre los musulmanes, a darles el Pacto de Allah [‘ahd Allah] y Su Juramento [mithaq] y los coloco bajo la salvaguardia de Sus Profetas, Sus Mensajeros, Sus Elegidos, Sus Santos, de entre los musulmanes y los creyentes, entre el primero y el último de ellos. Y mi protección [dhimmati] y mi acuerdo [mithaq], es el pacto más sólido que Allah ha dado a un profeta enviado o a un ángel [o soberano] llevado cerca, [es decir], el derecho a demandar obediencia, a generar obligaciones [farida] y el respeto del Pacto de Allah [‘ahd Allah]. 

(Yo me comprometo) a proteger a sus jueces en mis fronteras fortificadas [fi thughuri] con mis hombres y caballos, mis ayudantes y mis seguidores, de entre los creyentes, de cada región entre las regiones del enemigo, esté lejos o cerca, de manera pacífica o por medio de la guerra. Concederé seguridad a sus iglesias, a  sus lugares de peregrinación [siyahah] dondequiera que estén o sean hallados, ya sea en las montañas o en los valles, en las cuevas o en las regiones habitadas, en la llanura o en el desierto o en edificaciones. Y yo protegeré su religión y su propiedad donde quiera que estén y donde sea que se encuentren, en tierra o en el mar, en el Este o en el Oeste, del mismo modo que me protejo yo, a mis sucesores [khatimi] y a la Gente de mi Comunidad [ahl al-millati] entre los creyentes y los musulmanes.  

Los coloco bajo mi protección de cualquier daño o perjuicio [makruh]; los eximo de cualquier condición u obligación onerosa. Estoy detrás de ellos protegiéndolos por medio de mis seguidores, mis ayudantes y los miembros de mi comunidad religiosa [ahl al-millati]. 

Debido a que tengo autoridad sobre ellos, debo gobernarlos, salvaguardándolos de todo menoscabo y asegurando que no les suceda ningún maltrato que no me suceda a mí y a mis Compañeros, quienes, junto conmigo, protegerán esta noble orden. 

Yo impediré que la gente del pacto [ahl al-‘ahd] tenga problemas con el préstamo [‘ariyah] y el tributo por la tierra [kharaj],  excepto que consientan darlo. No deben ser obligados a ello.  

No se permite sacar a un obispo de su obispado o a un cristiano de su cristiandad, a un monje de su vida monástica o a un peregrino de su peregrinación o a un ermitaño de su torre. Tampoco está permitido destruir cualquier parte de sus iglesias, tomar partes de sus edificios para construir mezquitas o las casas de los musulmanes. Quien haga alguna de esas cosas habrá violado el pacto de Allah, desobedecido a su Mensajero y traicionado la Alianza Divina. 

No está permitido imponer capitación [jizyah] o cualquier tipo de impuesto sobre los monjes u obispos, aunque se aceptará si lo dan voluntariamente. 

La capitación [jizyah], entre los cristianos, sobre los dueños de grandes empresas; sobre los buzos y quienes explotan minas de piedras preciosas, oro y plata; sobre los ricos y poderosos, no puede superar los doce dirhams por año, en tanto sean habitantes o residentes de estos países y no sean viajeros. 

El viajero, o el residente cuyo lugar [de origen] sea desconocido, no está obligado a pagar el tributo de la tierra [kharaj] o el impuesto de capitación [jizyah], a menos que haya heredado la tierra sobre la cual el gobernante [sultán] tenga un derecho monetario. Debe pagar el dinero [mal] como otros, sin que esa carga exceda injustamente sus posibilidades [o capacidad] de desembolso. 

En cuanto a la fuerza laboral que los dueños usan para cultivar esas tierras, hacerlas fértiles y cosecharlas, no debe gravarse excesivamente. Que paguen de la misma manera que se impuso a otros contribuyentes similares. 

Los libres no musulmanes [ahl al-dhimmah] que gozan de la protección de los musulmanes  no serán obligados a ir a la guerra con los musulmanes para combatir a sus enemigos, atacarlos y capturarlos. Los libres no musulmanes [ahl al-dhimmah] no participarán en la guerra junto con los musulmanes. Precisamente, por medio de este pacto que se les concedió están exentos de ello, a la vez que se les asegura protección por parte de los musulmanes. No serán obligados a salir a pelear con los musulmanes y enfrentarse con los enemigos ni a dar sus caballos y sus armas, a menos que contribuyan a la causa libremente. Quien lo haga será reconocido por su acción. 

No se forzará a ningún cristiano a hacerse musulmán: No discutáis con la Gente del Libro sino con buenos modales (Corán, 29:46). Se los debe cubrir con el ala de la misericordia. Rechacen cualquier daño que podría alcanzarles, dondequiera que se encuentren, en cualquier país en que estén. 

Si un cristiano comete un crimen o un delito, los musulmanes deben proporcionarle ayuda, defensa y protección. Deben perdonar su delito y fomentar la reconciliación con la víctima, animando a esta que le perdone o que reciba compensación a cambio.  

Los musulmanes no deben abandonar a los cristianos y dejarlos sin ayuda y asistencia puesto que yo he hecho este pacto con ellos en nombre de Allah para asegurar  que todo lo bueno que cayese sobre los musulmanes también caiga sobre ellos y que cualquier daño que sobreviniese a los musulmanes lo compartiesen también ellos. En virtud de este pacto, han obtenido derechos inviolables para disfrutar de nuestra protección, para ser amparados contra cualquier violación de sus derechos, de modo que estarán ligados a los musulmanes en la buena y en la mala fortuna. 

Las cristianas no deben ser sometidas a sufrir el maltrato de ser obligadas a contraer matrimonios que ellas no desean. Los musulmanes no deben tomar a jóvenes cristianas en matrimonio en contra de la voluntad de sus padres, ni deben oprimir a  sus familias cuando rechazan sus ofertas de compromiso y matrimonio. Esos matrimonios no deberían tener lugar sin su acuerdo y deseo y sin la aprobación y consentimiento (de los padres). 

Si un musulmán toma a una mujer cristiana como esposa, debe respetar sus creencias cristianas. El musulmán le dará libertad para que escuche a sus superiores [clérigos] según lo desee; para que siga el camino de su propia religión y él no podrá forzarla a dejarlo. Quien, a pesar de esta orden, obliga a su esposa a actuar en oposición a su religión en cualquier aspecto, habrá roto la alianza de Allah, estará en abierta rebelión contra el pacto de Su Mensajero y Allah lo contará entre los impostores. 

Si los cristianos buscan la ayuda y asistencia de los musulmanes para reparar sus iglesias y conventos o para planificar cuestiones relativas a sus asuntos y a la religión, ellos [los musulmanes] deben ayudarlos y apoyarlos. Sin embargo, no deben hacerlo con el objetivo de recibir alguna recompensa. Por el contrario, deben procurar restablecer su religión, por fidelidad al pacto del Mensajero de Allah, por el simple deseo de ayudar y por considerar que es un acto meritorio ante Allah y Su Mensajero. 

En los asuntos de la guerra entre ellos y sus enemigos, los musulmanes no emplearán a ningún cristiano como mensajero, explorador, guía o espía ni para ninguna otra tarea bélica. Quien obligue a uno de ellos a hacer tal cosa, es un opresor [zalim], un rebelde contra el Mensajero de Allah y se apartó de su testamento [wasiyyah]. 

Estas son las condiciones que Muhammad, el Mensajero de Allah, ha impuesto sobre la comunidad cristiana [ahl al-millah al-nasraniyyah] con respecto a su religión y su comunidad [dhimmah]: Deben aferrarse a este pacto [‘ahd] y respetar lo acordado. 

Entre otras cosas, ninguno de ellos puede actuar como explorador; como espía, de manera cubierta o encubierta, en contra de un musulmán por cuenta de un enemigo bélico. Ningún (cristiano) albergará a los enemigos de los musulmanes en su hogar, desde el cual podrían esperar la oportunidad para lanzar un ataque. (Los cristianos) nunca deben permitir que esos enemigos [de los musulmanes] hagan un alto  en sus regiones, estén en sus aldeas, en sus oratorios o en cualquier otro lugar perteneciente a otros cristianos. No deben proporcionar ningún tipo de ayuda a los enemigos de los musulmanes en guerra, por medio de proveerles armas, caballos, hombres o cualquier otra cosa, incluido el saludo. Deben acoger durante tres días y tres noches a cualquier musulmán y a sus animales que hagan un alto entre ellos. Deben ofrecerles, donde sea que se encuentren y donde sea que vayan, la misma comida con la que viven ellos. Pero no deben ser obligados a soportar otro tipo de cargas onerosas o molestas. 

Si un musulmán necesita esconderse en uno de sus hogares u oratorios, deben brindarle hospitalidad, darle ayuda y proveerle alimento durante todo el tiempo que esté entre ellos, haciendo todo lo posible para mantenerlo oculto y evitar que el enemigo lo encuentre, en tanto cubren todas sus necesidades. 

Quien infrinja o altere las ordenanzas de este decreto será echado de la alianza entre Allah y Su Mensajero. 

Quieran todos acatar los tratados y alianzas contraídos con los reyes, los monjes [ruhban] y los cristianos [nasara] de la Gente del Libro, a los que yo me obligo, así como a cualquier otro compromiso que cada profeta haya establecido con su pueblo, para asegurarles la salvaguardia y protección fiel y que sea una garantía. 

Esto no debe ser violado o alterado hasta la hora [de la Resurrección] y el fin del mundo [dunya]. 

De este documento [kitaban], que fue escrito por Muhammad, el Mensajero de Allah, para los cristianos que le habían escrito solicitándole este pacto, son testigos: 

Abu Bakr al-Siddiq; Omar ibn al-Jattab; ‘Uzman ibn ‘Affan; ‘Ali ibn Abi Talib; Mu’awiyyah ibn Abi Sufyan; Abu al-Darda’; Abu Dharr; Abu Hurayrah; ‘Abd Allah ibn Mas’ud; ‘Abd Allah ibn al-‘Abbas; Hamzah ibn ‘Abd al-Muttalib; Fadl; Zayd ibn Thabit; ‘Abd Allah ibn Zayd; Harfus ibn Zayd; al-Zubayr ibn al-‘Awwam; Sa’d ibn Mu’adh; Thabit ibn Qays; Usamah ibn Zayd; ‘Uthman ibn Mat’un; ‘Abd Allah ibn ‘Amr al-‘As; Abu Rabi’ah; Hassan ibn Thabit; Ja’far ibn Abi Talib; Ibn al-‘Abbas; Talhah ibn ‘Abd Allah; Sa’d ibn ‘Ubadah; Zayd ibn Arqam; Sahl ibn Bayda’; Da’ud ibn Jubair; Abu al-‘Aliyyah; Abu Ahrifah; Ibn ‘Usayr; Hashim ibn ‘Asiyyah; ‘Umar ibn Yamin; Ka’b ibn Malik; Ka’b  ibn Ka’b.

¡Quiera Allah estar complacido con todos ellos! 

Escrito por Mu’awiyyah ibn Abi Sufyan y dictado por el Mensajero de Allah en el segundo día del mes de Rabi’ Ashar durante el cuarto año de la Hégira en Medina. 

Allah basta como Testigo del contenido de este documento [kitaban]. 

¡Alabado sea Allah, el Señor de los Mundos!