Pacto del Profeta Muhammad con los Monjes del Monte Sinaí (IV)

Texto del Pacto del Profeta Muhammad con los Monjes del Monte Sinaí (IV)

 [Por el Profeta Muhammad]

 [Traducción citada por Skrobucha en Sinai (1966): 58.

Con permiso de Oxford Universtiy Press]

 [Traducción del inglés al castellano por Héctor Manzolillo – 2014]

 A quien le pueda interesar, esta carta está dirigida (al conjunto de los seres humanos) por Muhammad, hijo de Abdullah, quien proclama y amonesta a los hombres para que tomen conocimiento de las promesas de Dios a su creación, a fin de que no puedan plantear ningún reclamo o derecho contra Dios o contra el Profeta, porque Dios es todopoderoso y omnisciente. Se escribe a la gente de esta fe y para la protección de todos los que en el mundo profesan la religión cristiana, en Oriente y en Occidente, cerca y lejos, sean árabes o no, desconocidos o conocidos. Si cualquier persona en adelante viola la protección proclamada por la presente o la contraviene o transgrede las obligaciones impuestas por medio de ella, renuncia a la protección de Dios, rompe su pacto, deshonra su religión y merece ser maldecido, ya sea un sultán o cualquiera de los fieles del Islam.

Si un monje o peregrino busca protección, en la montaña o en el valle, en una cueva o en campos de cultivos, en la llanura, en el desierto, o en una iglesia, en tales casos yo estoy con él y lo defenderé de quien sea su enemigo junto con mis ayudantes, todos los hombres de mi fe y todos mis seguidores, porque estas personas son mis súbditos y mis protegidos. Quiero protegerlos (para que nadie) les interfiera el suministro de víveres, que ellos se los han procurado por sí mismos, y también (para que nadie les exija) el pago de impuestos por encima de lo que ellos mismos aprueban. En ninguna de estas cuestiones se utilizará la compulsión o la restricción contra ellos.

Un obispo no será removido de su obispado, ni un monje de su monasterio, ni un ermitaño de su torre, ni se dificultará a un peregrino su peregrinación. Además, no será destruida ninguna iglesia o capilla, ni lo que es propiedad de las iglesias será usado para edificar mezquitas o casas para los musulmanes. Cualquiera que atente contra esta norma pierde la protección de Dios y se insubordina a su Mensajero. 

A los monjes, obispos o ermitaños no se les impondrá impuesto de capitación porque deseo ampliar la protección a ellos, dondequiera que se encuentren, en el Este o en el Oeste, en el Norte o en el Sur, dado que están bajo mi protección, dentro de mi pacto y al amparo de mi seguridad contra todo atropello. Quienes van a la soledad en las montañas o a los lugares santos, también estarán exentos del impuesto de capitación y de pagar diezmo u otro derecho. Lo mismo vale para quienes cultivan para su uso particular. Y serán asistidos en la cosecha de granos liberándolos del impuesto de un qadaq por cada ardabb en lo que corresponda a su uso personal. 

No serán obligados a servir en la guerra, o a pagar el impuesto de capitación. Incluso aquellos para los cuales existe la obligación de pagar el impuesto a la tierra o poseen propiedad agraria o ganancias por actividades comerciales, no tendrán que pagar más de diez dirhams por cabeza al año. A nadie se impondrá un impuesto injusto y con esta Gente del Libro no debe promoverse ningún conflicto, a menos que sea respecto de lo que es para bien. Queremos llevarlos bajo el ala de la misericordia, y la aflicción se mantendrá alejada de ellos, dondequiera que estén y donde sea que se asienten. 

Si una mujer cristiana entra a una familia musulmana, será  recibida con amabilidad y se le permitirá orar en su iglesia. No habrá ninguna disputa entre ella y un hombre que ama su religión. Quien contraviniere la protección de Dios e hiciese lo contrario, será un rebelde contra su pacto y su Mensajero. Esas personas serán asistidas en la mejora de sus iglesias y casas religiosas. Así serán ayudados en su fe y a mantener su lealtad. Ninguno de ellos será obligado a portar armas, pero los musulmanes deberán defenderlos y no se infringirá esta promesa de protección hasta que llegue la hora y amanezca por última vez en el mundo. 

Como testigos de esta carta de protección, escrita por Muhammad, hijo de ‘Abdullah, el Mensajero de Dios, y como garantía para el cumplimiento de todo lo que se prescribe en el presente documento, las siguientes personas ponen (estampan) sus manos: 

Ali, el hijo de Abu Thaleb; Homar, el hijo de Hattavi; Ziphir, el hijo de Abuan; Saith, el hijo de Maat; Thavitt, el hijo de Nesis;Amphachin, el hijo Hassan; Muathem, el hijo de Kasvi; Azur, el hijo de Jassin; Abombaker, el hijo de Ambi Kaphe; Ottoman, el hijo de Gafas; Ambtelack, el hijo de Messutt; Phazer, el hijo de Abbas; Talat, el hijo de Amptolack

Saat, el hijo de Abbatt; Kasmer, el hijo de Abid; Ambtullack, el hijo de Omar. 

Esta promesa de protección fue escrita con su propia mano por Ali bin Abu Talib en la Mezquita del Profeta el tercero de Muharram en el año 2 de la Hégira del Profeta… 

Sean alabados todos los que acatan su contenido y maldecidos todos los que no lo respetan.